Dulce

abr 08 2008

Me senté en la cama y mientras me desperezaba dejé que mi mirada vagara por la habitación. Las paredes blancas brillaban con la luz que entraba por los grandes ventanales junto al jardín. Sentía el suave calor de un sol temprano pero radiante. Posé mi mirada en su espalda descubierta y acaricié mentalmente cada una de sus vertebras con las yemas de mis dedos.  Las suaves sábanas cubrian su sus piernas hasta casi la cintura. Los pliegues de seda insinuaban pecado y yo quería volver a probarlo. Deslicé mi mano por su pelo hasta sentir el pequeño lólubo de su oreja. Se giró en la cama y entreabrio los ojos con dulzura. Acercando un brazo hacia mí rozó mi hombro y me deslicé de nuevo a su lado.

Nada puede ser más dulce que tú.

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