Hoy he descubierto porque mis mejores procesos creativos son por la noche. Tanto para escribir, como para pintar ocurren a partir de las 11 de la noche. Durante el día puedo terminar bocetos, o ideas a medio desarrollar, pero cuando de verdad creo es por la noche. Aunque no es el único, sé que uno de mis grandes taras a la hora de crear es que me es muy difícil alcanzar el punto de abstracción. El momento en el cual dejas de pensar, pones la mente en blanco y creas en estado puro. Una de las cosas que ayudan es que la noche es tranquila y silenciosa. No tienes la lucidez mental del día, sin llegar a estar aturdido y la cabeza funciona en otro plano. A todo esto yo le añado mi estado actual. Los demonios de mi cabeza me producen pasar momentos muy malos, uno de los peores son por la noche, pero también coincide que cuando empiezo a trabajar por la noche y mi actividad es más frenética es cuando los efectos del orfidal empiezan a hacer efecto. La realidad es que el una parte del tratamiento que me ayuda a poder descansar y dormir, pero también ayuda a almohadillar mi mente, sobre todo en las horas iniciales de manera que mi cerebro se sintoniza de una manera extraña. Eso unido a las infusiones relajantes que me preparo hacen un cóctel que me permiten un pico de actividad diaria que hacía mucho que no conseguía.
Parafraseando al Nota en El Gran Lebowsky: “Llevo una estricta dieta a base de drogas blandas”. Al contrarío de muchas personas que conozco, no me siento culpable por la necesidad de una medicación para superar un bache (o eso espero) como es este. De una manera u otra, hay situaciones en la vida en la que te reencuentras con ti mismo, te conoces mejor y quizás con el tiempo te mejoras. Pero digan lo que digan, el precio es demasiado caro. Es demasiado doloroso vivir con las ideas que pueblan mi mente. Aunque ya mucho más enmudecidas siguen ahí. Sobre todo cuando veo a personas mayores que apenas se valen de sí mismas. Ayer mismo me afectó mucho ver a mi padrino, lo mucho que a envejecido, la edad que tiene. En fin, desarrolla una cadena de pensamientos que aunque la medicación frena para no desembocar en una crisis de angustia, ahí está.
Me gustaría ser capaz de mirar de frente a la muerte y no tenerla miedo, a sentir que es un paso natural y aceptarla tal como vendrá.
Para rematar la situación no hay más que casos de cánceres chungos en gente de mi entorno, vecinos y conocidos. Padres, madres y familiares muy mayores que están en sus últimos momentos. Parece que el tema me persigue haga lo que haga por salir del fango.
Al menos ahora estoy más desbloqueado. Vuelvo a programar, y varios proyectos que estaban en la incubadora están volviendo a ponerse en marcha. Llenar los espacios en blanco de mi mente es esencial. No dar pista libre a pensamientos destructivos. Luchar contra ellos creando.
A partir de cierta hora de la tarde el cerebro pasa a un estado distinto. En el que no quiero estar porque veo sombras por la vista periférica. Quiero estar anestesiado, sedado, como dirían los Ramones. Literalmente la búsqueda de ese momento se convierte en realidad entre unos productos y otros, recetas e infusiones hasta que mi cerebro se rinde, mi vista pierde precisión y puedo escribir con un poco más de libertad.
Tengo que admitir que las cosas en conjunto han mejorado. Al menos el pánico y la angustia no son tantos. La persecución de los pensamientos que me atormentan han bajado de intensidad. Los miedos y terrores siguen ahí, pero no les puedo ver tan claramente. Hay momentos claro, como la tarde/noche en que el cansancio mental es aprovechado para que unos pensamientos indeseables comiencen a poblar el trasfondo de mi mente.
Mi tendencia a remolonear por internet, a perder el tiempo viendo mil series y películas ayudan a distraerme un poco, pero me distancian de mis objetivos reales. La medicación hace que esté notablemente apático en todos los sentidos. Actúa tanto para paliar los gigantescos bajones como para regular las subidas. Estas en un punto neutro un poco extraño, del que salir requiere un esfuerzo a veces escondido entre kilos y kilos de pereza.
Mis alumnos no ayudan a la situación, por lo menos los de la mañana. Dar clase allí es como predicar en el desierto. No hay interés por las Redes, las máquinas o la tecnología más allá del móvil y el ordenador para usar el tuenti. Sin metas, ilusiones ni alma. Tampoco es que yo a su edad fuera un foco de luz creativa pero me merman las ganas de vivir, y las ganas de enseñar.
Tengo ganas de estar en la nueva casa. Aunque sólo tenga una cama y una mesa para pintar. Ya queda menos, aunque se me están haciendo como años, necesito mi propio espacio y mi ritmo. Necesito conocerme a mi mismo e intentar crecer un poco más. No sé si para bien o para mal, pero será un paso. Además tendré luz todo el día para pintar, no como ahora!!
Hoy he tenido un día difícil. Como estar parado frente al mar con las olas rompiendo contra tu cuerpo. Las primeras veces las olas te pillan por sorpresa y hacen que te caigas, pero poco a poco tu pulso y tu respiración sigue el compás del oleaje. Entonces cuando miras hacia la playa sintiéndote genial, siente como te golpea la más grande de todas y te voltea haciendo tragas agua.
Es curiosa la mente. Como te hace ver el mundo de distintos tonos. Incluso viendo hoy Charlie y la fabrica de chocolate se me encogía el corazón al ver a los ancianos abuelos que conviven en la cama común. ¿Hay algo que en estos momentos no me produzca esa sensación?
Ahora las calles me parecen mucho más solitarias, con toda la gente escondida tras sus puertas blindadas, sin hacer ruido.
No hago más que pensar en que no sé como voy a superar esto si es que puedo. Tengo tanto miedo que parece que he perdido de golpe cada uno de los años que me hacen ser un adulto. Siento ganas de sentarme en la esquina de la habitación y abrazar mis piernas, y esperar que todo esto no sea más que un mal sueño. Que mañana voy a estar bien y voy a ser feliz de nuevo. Lo peor es eso, no es el estar triste, el luchar para ir a trabajar o el vacío. Es el miedo. El maldito miedo atenazante que impide que pueda vivir. Acudir a especialistas y no ver en sus caras la seguridad de que todo está bien, esas palabras de consuelo que hacen que te relajes. Mierda, incluso me da miedo ir a dormir.
Escuchar de manera compulsiva y repetitiva Disorder, Transmission y She’s lost control de Joy Division no puede significar nada bueno. Cuando me pongo el iPod para ir a trabajar y todo lo que escucho me parece superficial y vacío me hace sentir más triste y dolorido de lo normal. Para mi la música, como para muchos, va entrelazado a mi vida y a mi estado de ánimo, y en mi estado actual utilizar el iPod es una tontería. No tengo tiempo para ponerme a crear un tracklist decente para estos tiempos de oscuridad. O quizá si lo tengo, pero no lo quiero hacer por miedo a que saldrá. Bah, todo es una tontería. Creo que esta noche es un buen momento para comenzar la banda sonora de este momento.
Escribir todo esto en un blog público no se en que me convierte, además de un exhibicionista de mi sufrimiento. Pero creo que sacar esto de mi puede que me sirva para algo ahora o en el futuro, puede que incluso le sirva a alguien como punto de vista alternativo.