nov 29 2009

IMGP0052

Hoy he descubierto porque mis mejores procesos creativos son por la noche. Tanto para escribir, como para pintar ocurren a partir de las 11 de la noche. Durante el día puedo terminar bocetos, o ideas a medio desarrollar, pero cuando de verdad creo es por la noche. Aunque no es el único, sé que uno de mis grandes taras a la hora de crear es que me es muy difícil alcanzar el punto de abstracción. El momento en el cual dejas de pensar, pones la mente en blanco y creas en estado puro. Una de las cosas que ayudan es que la noche es tranquila y silenciosa. No tienes la lucidez mental del día, sin llegar a estar aturdido y la cabeza funciona en otro plano. A todo esto yo le añado mi estado actual. Los demonios de mi cabeza me producen pasar momentos muy malos, uno de los peores son por la noche, pero también coincide que cuando empiezo a trabajar por la noche y mi actividad es más frenética es cuando los efectos del orfidal empiezan a hacer efecto. La realidad es que el una parte del tratamiento que me ayuda a poder descansar y dormir, pero también ayuda a almohadillar mi mente, sobre todo en las horas iniciales de manera que mi cerebro se sintoniza de una manera extraña. Eso unido a las infusiones relajantes que me preparo hacen un cóctel que me permiten un pico de actividad diaria que hacía mucho que no conseguía.

Parafraseando al Nota en El Gran Lebowsky: “Llevo una estricta dieta a base de drogas blandas”. Al contrarío de muchas personas que conozco, no me siento culpable por la necesidad de una medicación para superar un bache (o eso espero) como es este. De una manera u otra, hay situaciones en la vida en la que te reencuentras con ti mismo, te conoces mejor y quizás con el tiempo te mejoras. Pero digan lo que digan, el precio es demasiado caro. Es demasiado doloroso vivir con las ideas que pueblan mi mente. Aunque ya mucho más enmudecidas siguen ahí. Sobre todo cuando veo a personas mayores que apenas se valen de sí mismas. Ayer mismo me afectó mucho ver a mi padrino, lo mucho que a envejecido, la edad que tiene. En fin, desarrolla una cadena de pensamientos que aunque la medicación frena para no desembocar en una crisis de angustia, ahí está.

Me gustaría ser capaz de mirar de frente a la muerte y no tenerla miedo, a sentir que es un paso natural y aceptarla tal como vendrá.

Para rematar la situación no hay más que casos de cánceres chungos en gente de mi entorno, vecinos y conocidos. Padres, madres y familiares muy mayores que están en sus últimos momentos. Parece que el tema me persigue haga lo que haga por salir del fango.

Al menos ahora estoy más desbloqueado. Vuelvo a programar, y varios proyectos que estaban en la incubadora están volviendo a ponerse en marcha. Llenar los espacios en blanco de mi mente es esencial. No dar pista libre a pensamientos destructivos. Luchar contra ellos creando.

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