palabra de orfidal

Ahora que el orfidal disuelve mis pensamientos como aceite de motor, dejo que mis dedos hablen un poco solos. Aunque no sé si será suficiente para poder guardar en una caja todo lo que me inmoviliza por unos momentos y poder pensar desde el ángulo que el corazón me pide.
Démonos el placer de dejar salir a pequeños destellos que pasa por mi cabeza en este estado. No puedo decir que esté suficientemente anestesiado como para escribir algo realmente importante. Pero ya poco importa cuando ves la vida a través del prisma a través del que lo veo yo, donde la vida es una cuenta atrás con un final doloroso y con la nada por destino.
El infiernillo abrasa mis pantorrillas. Sé que si lo apago el frio hará que todo esto se detenga y perderé el momento mágico. ¿De verdad puedo llegar a aceptar la muerte como lo que es? ¿Qué está fallando en mi vida para que la cabeza me bombardee sin piedad con crisis de ansiedad, depresiones y obsesiones terroríficas? Si estoy así con 30 años, ¿Qué se pasara por mi cabeza a los 70? No lo quiero ni pensar. Pero aunque no quiera, el pensamiento está aquí, dentro de mi cabeza circulando y circulando.
- Mis huesos resecos de carne en una tumba fría.
- Mi mente apagandose químicamente. Como un desmayo, sólo que no hay un después.
- Me ahogo en mi cama de hospital en cuidados paliativos con un miedo horroso porque sé que ha llegado el momento.
- La soledad del adiós.
- La mirada desde la cama del hostipal mientras el médico habla con tu familia indicándoles que no hay más que hacer, solo dejar pasar el tiempo…
- Mientras duermo plácidamente un espamo me atraganta, poco después dejo de respirar, me convulsiono, muero, la nada.
- ¿Qué sentido tiene hacer nada si el final es la nada más absoluta? Los eones seguirán pasando, el universo se seguirá expandiendo, hasta concentrarse para el próximo big bang.
- Veo a todos los familiares y amigos que he perdido en los últimos y no tan últimos tiempo, sus pensamientos perdidos para siempre. Y con el tiempo el olvido más absoluto.
He dejado de valorar las cosas, lo regalos, los libros. ¿De qué sirven si son algo tan pasajero que apenas va a suponer nada? ¿De qué vale leer libros, luchar durante años para aprender a pintar? ¿Para qué crear un nido, hogar? Tus recuerdos y libros vendidos al por mayor al primer postor para ser reclasificado por la valor y vendido en puestos en el Rastro o tirado a cualquier almacén.
Ahora que miro lo que acabo de pintar sólo veo la imagen distorsionada de la vida que inunda mi mente como la brea.
¿Qué sentido tiene todo?
No sabes cuánto me he angustiado al leer esta entrada. Pero, claro, es que últimamente estoy bastante en sintonía con todo lo que has estado escribiendo de un tiempo a esta parte.
Gracias por seguir leyendo incluso en estos momentos. Pero no sintonices demasiado con lo que escribo, con uno que lo pase es más que suficiente.
Si se pudiera elegir…