dejando trabajos
Por fin me he dado una tregua. Soy un chico fácil, por lo menos laboralmente. Mi trabajo principal, tiene un horario tan absurdo y sin sentido que me deja trozos del día libre sin ocupación. En vez de ser coherente y utilizar ese tiempo para pintar o mirar las musarañas, lo he utilizado para complementar mi sueldo. Claro, coger un trabajillo, pues tampoco tiene porque ser mayor importancia, pero he llegado a extremos absolutamente absurdos. Como puse en un micro-post, he tenido días de estar “en teoría” en más de un trabajo a la vez.
Además de todo esto, mi salud no ha contribuido demasiado y he tenido un aumento notable de migrañas. Lo que significa un día como mínimo en blanco. No puedo hacer nada en ese tiempo a parte de estar tirado y con un poco de suerte ver algo en la tele en el mejor de los momentos.
Con semejante panorama, aunque he seguido leyendo blogs, buscando información y pululando por Internet no me apetecía nada escribir nada. No sólo eso, sino que se congelaron también el resto de mis actividades fuera del trabajo. Es como si el tiempo se congelara. Entonces, ¿por qué he mantenido esta situación durante tanto tiempo?
Por una parte me disgusta rechazar trabajos. Me siento afortunado de tener la oportunidad de recibir un dinero extra teniendo en cuenta que hay muchas personas pasando una mala situación en estos momentos. Mi sensación al planteármelo es similar a rechazar un trabajo cuando estás en el paro porque no es bueno para ti. Por otro lado, existe un miedo en mi interior en cierta manera irracional que me condiciona bastante en mi vida. De unos años a esta parte he tenido algunas enfermedades en menor o mayor caso crónicas. Hasta ahora he tenido suerte, y el tener una migraña y tener que faltar a trabajar no a supuesto ningún problema. Pero también he pasado meses con problemas para ir a trabajar por depresión o lo que sea por lo que he pasado varias veces. En estas situaciones me he dado cuenta de la necesidad de tener unos ahorros, o por lo menos una seguridad de que en el caso de que me pase algo no acabaré en la calle. Es absurdo, tengo familia, tengo amigos, pero mi educación o mis obsesiones me crean una inseguridad que necesito aplacar de alguna manera.
Pero todo tiene un limite. De nada sirve garantizar mis fondos si no puedo hacer lo que realmente me gusta y si juego con mi salud excediéndome en mis horas de trabajo. No existe la opción de compatibilizar ese tipo de vida con la ilustración, el dibujo, la música, mi pareja. Es inviable. Llegaba un momento que estaba tan cansado que casi no sabía ni en que día estaba. La verdad es que me he desenvuelto bastante bien para parecer normal, pero había momentos en los que no entendía ni lo que me decían. Como cuando llevas sin dormir un par de días. Todo parece irreal.
La prueba más tangible ha sido que cuando he descansado un día y despejado la agenda, de repente me he pasado horas con los pinceles. He disfrutado de no hacer nada y he podido ver las cosas de otra manera. Aunque es cierto que de alguna manera el agobiarme con trabajos evita que piense demasiado. Mi problema de siempre. Tengo que aprender a dejar de huir de mi mismo e intentar afrontar mis miedos de frente.
Escuchando: Slipknot – Left behind
Yo estoy en una situación parecida a la tuya. Me estoy pasando de actividades, lucrativas o no, y no doy abasto. Y, lo que es peor, había perdido mi rumbo principal, aquello que me trajo a Londres. Así que esta semana me he replanteado las cosas. A ver qué tal a partir de ahora.
Es muy fácil desviarse del camino original que nos trazamos. No siempre es malo, pero bueno es cuestión de valorar que caminos elegir. Yo tengo bastante suerte pero hay veces que me dejo llevar por el lado oscuro…