
Un único carrete en dos años. Me cuesta ver la belleza en las ciudades llenas de gente osca. Soy muy despistado y para hacer buenas fotos hay que tener técnica, llevar siempre la cámara a cuestas, creatividad y no estar siempre en tu mundo cuando andas por la calle como yo. Aún así, he conseguido estas fotos que acompañan al texto. Con una vieja cámara analógica y un carrete de película caducado.
Al igual que cuando pinto, sigo teniendo más ganas de pintar la naturaleza de los bosques que los muros de las ciudades. Pero estoy seguro de que poco a poco volveré a ser capaz de ver entre los locales abandonados y los buzones pintados una brizna de belleza para que la capture mi cámara. ¡clic!





Una noche de perros en Madrid, una sala pequeña e íntima y un público deseoso de ver como defenderá el Comandante y sus secuaces el estupendo disco presentado con la ayuda de Autoreverse. Y no defraudó, la voz grave de Raúl nos dejó ver que no todo es producción de estudio y sí de buen hacer en directo. Nos dejó entrever la faceta más sentimental y profunda mientras cantaba, pero también la timidez de una persona que se enfrenta a un público muy fan pero a fin de cuentas un público. El resto de grupo también supieron estar a la altura de la presentación, totalmente entregados y disfrutando del concierto. Casi todos los temas fueron del último disco, con algunas pinceladas de sus anteriores trabajos como Chica Playmovil y Pobres Chavales. Una maravilla de concierto que pudimos disfrutar en la intimidad de una pequeña multitud entregada en cada uno de sus temas. Cerró el concierto con 2025, un tema fundamental y que hizo que nos rindiéramos incondicionalmente.

El Sr. Mark Oliver Everett lo ha vuelto a hacer. Después del maravilloso Tomorrow Morning, un disco triste, melancólico pero con pequeñas grietas por las que entra la luz, nos regala un concierto magico como fué el del sabado 18 en Madrid. Con las luces apagadas y tras terminar de escucharse un pequeña parte de la música de Cenicienta (sic, irónico hasta en el último detalle) vemos una sombra entrar. ¿Qué lleva puesto, una mascara? No, no le hace falta. Bajo una barba de leñador, gafas de sol, bandana gigante y un mono blanco de trabajo está el cerebro de Eels.
No se entretiene dorando los oidos de las 3000 personas que esperamos escucharle. Simplemente se cala la guitarra y comienza a tocar Grace Kelly blues, preparándonos para lo que se aproxima. Tras el tema aparece el resto de la banda, vestidos de traje informal con gafas de sol y sombreros y gorras caladas. La imagen de la banda es una auténtica declaración de principios: Da igual lo que esperaseis de esta noche, venimos a pasarlo bien.
Everett dispara las canciones sin contemplaciones. No hay tiempo de cháchara, hay mucho que tocar y poco tiempo. Poco a poco vas vislumbrando un poco de la persona que hay tras las gafas de sol y la barba. Alguien que ama la música y que no necesita la aprobación de nadie, sino tocar con el alma y cantar dejando un trozo de su alma al descubierto.
La banda está pletórica y Everett se encuentra a gusto entre un público apasionado y vibrante. “Summer in the city” desata al público que estamos entregados y no queremos que acabe el concierto. La música sigue, y la banda deconstruye los temas reinterpretándolos maravillosamente y haciendo que la gente vibre con cada tema.
Ha sido un concierto genial y nadie quería irse de la sala. Una hora y media de Eels no es suficiente. Solamente nos preguntamos, ¿cuándo volverá a tocar por aquí? ¡Queremos repetir!
Creditos: Fotografía de Rolling Stone
Enlaces de interés: Crítica en Rolling Stone
Ahora que nadie se acuerda de lo que es hacer fotos y tener que esperar a revelar el carrete. Todas hechas con una Canon EOS 1000F y un objetivo 35-80mm

Nubes


El vacio de un banco en el atardecer

Junto al Jardín Botánico