Seguro que será mejor
Cuando estaba en el colegio me autoengaño pensando que al pasar al instituto toda cambiaria. Todo iba a ser muy diferente. Por fin iba a encontrar gente interesante con la que hablar. Gente con proyectos y con ganas de hacer cosas. La realidad fue tan decepcionante como grande era mi esperanza. Quizá viera demasiadas series americanas donde hay incluso un periódico. Un fiasco.
En el instituto nos vendieron la universidad como un micromundo fantástico donde los profesores eran sabios. Tendríamos clases interesantes donde nos mostrarían las entrañas de la realidad. Conocería a gente interesante y con ganas de hacer cosas. Y de nuevo me encontré con algo todavía peor: profesores que odian dar clase, clases viejísimas, laboratorios obsoletos y un temario de estudios del medioevo. Tal fue la decepción que me rompí. Y di tumbos de aquí para allá hasta que finalmente volví a la universidad y terminé unos estudios para poder cobrar más.
He trabajado desde los 20 años, pero eran tan malos, que no me sentí demasiado frustrado. Total, eran trabajos temporales que no me llevarían a ningún lado. Pero entonces comencé a trabajar de lo mío y me encontré desarrollando maquinitas y programándolas en proyectos para grandes empresas. Entonces me di cuenta que no era para mí. No sentía ninguna vinculación con los proyectos que realizaba y es algo raro. Raro porque mis compañeros disfrutaban de ellos o por lo menos les gustaba su trabajo. Yo programaba y hacía pruebas. Entre una cosa y otra leía a Heinlein y soñaba.
Volví a cambiar de trabajo: La educación. Gente que enseña a otra gente. Podría hacer cosas importantes. Seguro que los profesores serían gente con ganas de enseñar y aprender. Gente con curiosidad. Además podría dar clase como a mí me hubiera gustado recibirlas. Iba a ser la leche. ¿Y qué paso entonces? Exacto, la decepción. Profesores que respiran porque lo lleva el sistema autónomo. Alumnos que están en clase por no pasar frío en invierno. Desidia.
No funciono en esta sociedad, pero ya no se me ocurre que hacer. Secretamente envidio a la gente que vive en países donde vivir no es lujo. Donde si te conformas con lo básico es muy fácil llegar a fin de mes y puedes dedicarte a lo que te gusta con un trabajo a tiempo parcial. Me gustaría poder dedicarme a soñar y dejar los grandes sueldos para las personas que necesitan grandes coches o vicios caros. Pero por desgracia vivo aquí, donde poder vivir decentemente es la lucha diaria de muchas personas. No es justo.
Mientras tanto seguiré ahorrando poco a poco para poder seguir soñando que puedo desaparecer del mapa a una casita donde se vean amaneceres, y que cuando baje el sol se vea un manto de estrellas en el cielo con una gran luna iluminando las copas de los árboles en la distancia.